MANIFIESTO

       

A veces le damos vueltas a eso de que el mundo debería ser un sitio mejor. Pero claro, te paras a pensar y dices: ¿mejor para quién? Porque lo que a mí me va bien, igual a ti te parte por la mitad. ¿Realmente existe una verdad absoluta sobre la que apoyarnos para crear un mundo mejor?

Cualquier persona forma parte de un todo. Entre 8.000.000.000 de personas (muchos ceros, ¿verdad?), tanto tú como yo somos simplemente un granito de arena en una playa que no se acaba nunca. Enorme. Y tú y yo, casi invisibles. Pero es que la playa no es otra cosa que la unión de todos esos granitos.

Como individuo tengo claros mis valores. Sé quién soy y quién quiero ser. Conozco mis posturas y cómo me posiciono ante los distintos temas; ahí me permito ser algo más cabezón. Pero como artista o filósofo, mi responsabilidad es otra: acometer la obra con honestidad absoluta. No busco convencerte de nada; presento la realidad con la crudeza o la ironía necesarias para que el impacto sea inevitable. Eres tú, que piensas a mi lado, quien tiene el derecho y el deber de juzgar la idea.

¿Y a dónde quiere ir a parar este hombre con esto? Pues principalmente a intentar dar otro tipo de luz a estas imágenes para que te acerques a ellas sin miedo y puedas verlas un poco mejor. Yo no estoy aquí para cambiar el sistema; no soy tan ingenuo. De hecho, no sabría ni por dónde empezar y seguramente la liaría parda. Pero eso no me exime de mi responsabilidad para intentar buscar la verdad. Me niego a aceptar lo cotidiano como si fuera sagrado y estuviera escrito en piedra. Por eso uso la cámara. Por eso uso la imagen. Pero no nos confundamos: la fotografía es solo la excusa, es el medio. El fin es la filosofía. Es esa charla de sobremesa de «arreglar el mundo» que a muchos nos encanta.

Tampoco quiero que te quedes con la sensación de que este manifiesto y esta obra pretenden alcanzar las más elevadas metas de trascendentalidad. El grueso de ella intenta ser bonita y divertida, y ensalzar las virtudes del ser humano. Sobre todo, persigue mostrar la potencialidad que tenemos.

«El ser humano es una cuerda tendida entre la bestia y el superhumano: una cuerda sobre un abismo»

Nietzsche

Por ello, aunque series como Antitopía o Contaminación tecnológica hablan de cosas chungas, cosas que no son agradables de ver y que tenemos completamente normalizadas, otras como La fuerza del amor o Vocaciones versan sobre aspectos mucho más maravillosos de nuestra especie.

En resumen, y como cierre a este manifiesto, podría decir que el sentido de vida de esta obra es simple: motivarnos a no conformarnos. A cuestionar cómo hacemos las cosas y a fomentar un pensamiento crítico que nos haga más humanos y más solidarios. A buscar la verdad, o al menos a no dejar de buscarla, usando la creatividad como un hacha que rompa el hielo de la rutina. Porque cuestionar el mundo sólo tiene sentido si, al final del día, todavía somos capaces de conmovernos con él.

Ahora, si te apetece saber como toda esta locura cobra vida, te espero en el cuaderno;

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