
VOCACIONES
Dicen que el trabajo dignifica, aunque a veces lo único que consigue es dejarnos las lumbares hechas polvo y la paciencia bajo mínimos. En esta serie, Gonza se calza los uniformes más variopintos, desde oficios de toda la vida que huelen a serrín y esfuerzo, hasta profesiones tan marcianas —literalmente— como la de astronauta. Porque seamos sinceros: pasamos un tercio de nuestra existencia fichando a la entrada y a la salida, por lo que negar que nuestra vida profesional es un pilar fundamental de nuestra identidad sería engañarnos al solitario.
Aquí servimos el debate caliente y sin anestesia: ¿es mejor hacer lo que te apasiona o aprender a apasionarte con lo que haces? Nos han vendido el mantra romántico de «busca un trabajo que ames y no tendrás que trabajar ni un día», una frase que queda muy bonita en una taza, pero que a menudo choca frontalmente con la realidad de las facturas. La vocación, ¿es una llamada divina que se siente en las entrañas o una construcción pragmática que uno edifica para encontrarle sentido a la rutina? Quizá la verdadera maestría no esté en el cargo que ocupas, sino en la dignidad con la que desempeñas tu papel y el amor con el que lo haces.


Esta colección explora cómo la etiqueta profesional nos define de cara a la galería. En cuanto nos presentan a alguien, la segunda pregunta siempre es «¿y tú, a qué te dedicas?», como si nuestro valor humano cotizara en bolsa según la respuesta. Gonza, con su habitual ironía, nos demuestra que detrás del traje, del mono azul o de la escafandra, sigue habitando la misma persona llena de inseguridades, sueños y ganas de que llegue el viernes. La profesión se entrelaza tanto con la vida que a veces olvidamos dónde termina el personaje laboral y dónde empieza el ser humano.
Prepárate para ver a Gonza intentando mantener la compostura en situaciones laborales que van de lo sublime a lo ridículo. No sé si encontraremos la respuesta al eterno dilema sobre el éxito y la felicidad laboral, pero te aseguro que verle bregar con herramientas que claramente no sabe usar nos servirá para desmitificar un poco esa seriedad impostada del mundo adulto. Al final, todos somos aprendices jugando a ser profesionales en este oficio tan complicado que es vivir.